"Solo puedo (y debo por convicción propia) recomendar que no tengáis miedo de decir SÍ como lo dijo la Virgen."

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Me llamo Jacinta Postigo Alemán y tengo 20 años. Estudio Trabajo Social en la Universidad de Murcia. Pertenezco a la Parroquia de San Francisco Javier, de San Javier, en la cual he estado presente de manera activa desde que era niña. En mi familia somos cinco, siendo yo la mediana de tres hermanos. Mi familia desde siempre ha sido cristiana, y desde ese amor más grande que los miedos y la confianza en Dios se nos ha permitido a cada uno de los miembros plantearnos nuestros sueños e inquietudes.

Desde siempre me ha encantado viajar y conocer diferentes culturas, paisajes y formas de vida; me gusta empaparme de todo allá donde voy y aprender de las personas que me cruzo en el camino.

Cuando empezó a surgir la idea de esta misión hace un año, en la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia, Paulino (el sacerdote Javeriano que nos acompañó) puso desde su experiencia personal las inquietudes que yo tenía en mi cabeza desde hace años en orden y les dio un sentido; la misión. Sea donde sea, vaya donde vaya, siento que la misión no es un viaje sino una forma de vida. Y esa forma de vida es la que me hace feliz, porque no hay otra cosa que tenga más sentido para mí que no sea aprovechar la vida que tenemos y darle sentido a través de ofrecerla a los demás, transmitir la alegría de sentir que cada día es una oportunidad para ser mejor y estar verdaderamente convencida de que todos tenemos algo bueno y necesario que aportar a este mundo.

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Desde el instante en el que me crucé con el folleto informativo sentí que este era mi momento, que Dios me llamaba a dar sentido a todo lo que yo sentía y pensaba de esta manera; me llamaba a descubrir qué era eso que me tocaba hacer. Pensé que sería duro convencer a mis padres y conseguir la aprobación de mi familia, pero no fue así. Existe inseguridad cuando un hijo se embarca en una aventura así, claro que sí. Pero juntos entendimos que lo que no estaba en mis planes (ni en los de nadie), estaba en los planes de Dios… y nunca antes me había sentido mejor que aceptando esos planes.

Si soy sincera, solo tenía inseguridades por unos problemas de salud que se me plantearon hace un tiempo. Al ver que esa cuestión estaba solucionada, olvidé cualquier duda que pudiera haberme surgido. Cuando sientes en tu corazón que Dios va a tu lado en todo el camino de tu vida, pierdes el miedo a dar hasta tu último aliento en su nombre. Porque todo lo que recibes es indescriptiblemente mejor que lo que tú has dado, aunque eso signifique dar la vida. Y eso es para mí la verdadera libertad.

No quise pensar demasiado en qué podría encontrar allí, porque no quería crear prejuicios o ideales antes de llegar. Pero puedo asegurar que cualquier expectativa se mejoró con creces. Para saber lo que encontré aparentemente solo hay que poner “Camerún” en Google. Pero Camerún no es eso. Podría ser los barrizales, los animales por las calles, los peinados coloridos de las mujeres, la música por todos lados, los trajes típicos tan elegantes como extravagantes… pero faltaría lo más importante. Camerún es las personas que en él viven; personas luchadoras, con una fuerza que parece inhumana, una capacidad de resistencia increíble… y sobre todo, con Fe. Fe en un Dios que da la vida, que hace personas libres, que es paz y unión, que es verdadera alegría. Todo el valor de la familia, del compañerismo, de la amistad, de la comunidad, de la gratitud… todo ello tiene sentido y se sostiene por sus creencias. Personas que sin tener las facilidades económicas, infraestructurales, educativas y demás que tenemos en occidente son felices y son agradecidas. Y parece una frase muy típica o vacía de significado, pero os digo yo que es verdad porque lo he vivido en primera persona, lo he sentido y he aprendido de ello. Que si algo se rompe, se arregla o reutiliza. Las cosas no son de usar y tirar, todo tiene su valor y su por qué, y eso se cumple primeramente en las relaciones personales.

Podría tirarme más tiempo intentado explicar o contar lo vivido allí que los días que estuvimos. Pero lo que puedo afirmar es que mi vida ha dado un cambio de sentido. No sabría explicar muy bien qué es lo que ha cambiado, pero lo ha hecho. Ahora mi vida tiene otro color, otramirada y otros objetivos. Ahora se que lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Que no vale quedarse con “lo triste o lo bonito”, sino hay que profundizar en los sentimientos y dejar de ser conformistas. Dios nos prometió la felicidad eterna, y si nosotros queremos podemos comenzarla aquí y ahora, siguiendo sus pasos de servicio y amor por encima de todo. La sencillez y la alegría tienen otro sentido para mí desde que pisé aquella tierra que siempre llevaré en mi corazón, y a la que no descarto volver.

Aunque debo decir que no todo ha sido bonito, y no hablo de los inconvenientes del tiempo o de los tropiezos día a día por acostumbrarnos a la forma de vida. Hablo de una frustración que te absorbe el corazón, que incluso te hace sentir miserable por todas las veces que abriste la boca y fue para decir algo negativo. Una frustración que puede llegar a desmoralizarte totalmente en vez de servir de incentivo. ¿Por qué un joven igual que yo, de mi edad, no puede estudiar lo que quiera, no puede recibir la atención médica que necesita, tiene que trabajar para cobrar una miseria?… ¿Por qué ha tenido que vivir una vida más dura que yo? Te planteas las verdaderas injusticias estructurales desde una perspectiva muy dolorosa… que hacen que cada vez tenga más ganas de luchar por ello. Merece la pena sufrir por los que sufren a diario y no tienen quien vea y reconozca su sufrimiento.

Si para algo me ha servido esto es para ser consciente de que Dios hace libre a cada uno de nosotros; y deberíamos usar esa libertad para hacer el bien y no para someter o aprovecharnos de nuestros hermanos aunque no los conozcamos. Aunque sean de otro color de piel, otra religión, o tengan otra forma de vida.

Solo puedo (y debo por convicción propia) recomendar que no tengáis miedo de decir SÍ como lo dijo la Virgen, que si sientes un empujoncito de Dios lo escuches y lo sigas. Jamás podrá salir mal algo que se hace desde la Fe y el amor.

Jacinta Postigo Alemán.

Joven de la parroquia de San Francisco Javier (San Javier, Murcia).