"Esto no es un adiós, es un hasta luego".

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Mis nervios empezaron a salir la misma semana del viaje, estaba yo muy valiente pero mi cuerpo me dijo “que ya estaba bien de bromas, que ya no había marcha atrás”, en cinco días estaba cogiendo un autobús y un par de aviones para llegar a mi destino.

Nunca pensé que lo iba hacer a través de la iglesia, no porque no creyera, sino porque llevaba años sin participar en ella. Por mi trabajo sí que he tenido que estar y también por algún motivo de alguna celebración en especial o familiar.

Días antes de irme hubo momentos que sentí miedo y pensé que en dónde me había metido; miedo a lo desconocido, a otro idioma del cual no tenía ni idea. Mis dudas empezaban a salir pero en ese momento ya no había marcha atrás, solo quedaba disfrutar y ya está.

Llegó el momento de poner un pie en Camerún y ya fue relajarme, pensé “que sea lo que Dios quiera”. Vinieron a recogernos unos amigos de Paulino, grandes personas donde las haya, se han portado con nosotros estas tres semanas de maravilla, todo lo que diga de ellos es poco, estoy muy agradecida.

Los primeros días me agobié un poco porque vi que no encajaba mucho en el grupo, pero no porque hubiera algún “pique” o algún mal entendido, sino porque casi todos participaban mucho en sus parroquias en España y yo no, y eso también me hacía dudar. Pero gracias a Antonio, que hable con él, me relaje y ya pude disfrutar como se merecía.

La primera semana fue dura porque llevábamos un ritmo de trabajo muy fuerte, pero aún así, como llegue con mucha fuerza, alegría e ilusión, lo aguanté muy bien.

Empecé a ver al Señor que estaba presente en mí, aunque para muchos sea una tontería fue el primer lunes de estar ahí, celebramos la primera misa el grupo solos me tocó leer, cosa que nunca había hecho y cosa que jamás había pensado que iba hacer, por mi timidez y la vergüenza, daba igual que fuera misa o en otro evento con gente. Leer o hablar delante de la gente, que te estén escuchando y mirándote es superior a mí. Pero sí, lo hice sin más, nerviosísima pero lo hice, no me quedaba otra. Pues ahí sentí que alguien me empujaba y me dio fuerzas para hacerlo y ahí empezó todo, sabía que el Señor no me iba a dejar sola en este viaje, en los días de dificultades siempre estaba presente, era Él el único que me daba la fuerza que a veces me faltaba. Otro día de gran dificultad para mí, y bien lo saben quiénes me conocen, fue cuando fuimos a un poblado marginado al cual debíamos ir andado; había llovido mucho y estaba todo muy mal, el camino no era nada fácil. Yo soy muy patosa, esto fue un gran esfuerzo para mí y un gran sufrimiento por miedo a caerme y romperme algo, pero le eché valor, cerré los ojos y me dije “he venido hasta aquí con todas las consecuencias y sin ningún pero, así que adelante”. Ahí la verdad que él Señor me dio fuerza y también me puso gente a mi lado para ayudarme, siempre tenía una mano para los trayectos más complicados, aunque tengo alguna anécdota para contar, gracias a Dios lo empecé y termine sana y salva.

Me adapté muy bien a todo, al ritmo, a la gente, costumbres… He aprendido de todos y cada uno con los que que en este viaje me he cruzado en mi camino. Nosotros hemos ayudado, pero ellos nos han enseñado más de lo que se imaginan.

Paulino, el misionero javeriano que nos acompañaba, ha hecho un gran trabajo, puede estar satisfecho, nadie lo hubiera hecho mejor, diferente puede, pero mejor no. La gente camerunesa te quiere mucho. Hizo un gran trabajo en los años que estuvo ahí, se nota mucho el cariño y aprecio que le tienen en esa tierra. Desde primer minuto que pisamos nuevo territorio nos acogieron con alegría y amor. Sí que es verdad que nos han llevado en un ritmo muy intenso, para unos novatos como nosotros. La última semana estábamos reventados, pero aun así las fuerzas nunca se fueron. El último lunes o martes que nos quedaba por estar ahí, me vine un poco abajo, estaba cansada y agobiada, se me hizo muy pesado el día, quería volver a casa; pero tuve la suerte de que al día siguiente cambié el chip y me vine arriba de nuevo. Era mi última semana ahí y no la podía desaprovechar.

GRACIAS PAULINO POR TODO.

Antonio (el Delegado de Pastoral Juvenil que nos acompañó): aunque no lo creas, para mi has sido una persona muy influyente en este viaje, sí que es verdad que tenía una imagen de ti muy diferente, en realidad solo te conocía en el tema laboral no personal, y la verdad que me lleve una gran alegría por haberte conocido. Has sido muy importante y, aunque no lo parezca, a tu manera me has ayudado mucho, gracias por tu paciencia y siempre tu saber estar.

Este viaje me ha servido para estar en paz conmigo misma, he abierto mucho los ojos. Siempre preocupados por tonterías, pensando en lo material: “a ver quién es mejor y si te puedo pisar mejor”, el egoísmo y no valorar lo que realmente vale la pena.

Allí la mayor preocupación es poder comer por lo menos una vez al día, la lucha constante de poder conseguirlo, gracias a la fe que tiene hacia Dios nunca pierden la confianza, felicidad y en ayudarse unos a otros. Ver la alegría de los niños, esa sonrisa de inocente que cuando te miran, se te cae el corazón a pedazos.

Agradecer a Miguel Ángel por sus crónicas en la página de la Delegación y en el grupo de familia, no ha estado con nosotros, pero ha trabajado como el que más.

Este viaje me ha venido muy bien, he venido rejuvenecida, con una paz interior que espero que me perdure mucho tiempo. Esto no es un adiós, es un hasta luego.

Volveré a repetir la experiencia.

Inma Nieto.

Joven de la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario, (Torre Pacheco, Murcia).