"Nuestra bandera no es otra que la cruz de Jesús".

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Convencida de que este encuentro iba a suponer en mí una experiencia inolvidable y un estímulo para mi fe, decidí con mucha ilusión involucrarme como voluntariaen estas jornadas. Y, desde luego,  no me equivoqué.  Cuando una amiga me invitó a participar del encuentro, me acordé de aquello que el Papa Francisco nos pidió especialmente a los jóvenes en la JMJ de Río de Janeiro: ‘¡Salid a la calle! ¡Armad lío!’. En definitiva: Acción. Y, ¿Qué mejor manera de armar lío que poniendo mi granito de arena en este proyecto que emprendía nuestra diócesis?.

Es genial formar parte de algo así, y más aún,  sentirte instrumento de Dios para dar testimonio a  jóvenes que procedían de distintos puntos de la Regióncargados conmochilas de esperanza y buscando su hueco en una Iglesia que los acogía con amor y proyectaba en ellos el futuro de una sociedad necesitada de su ejemplo.   Jesús nos había llamado a cada uno por nuestro nombre y abandonando nuestras comodidades corrimos a su encuentro. Una vez más, ganamos el ciento por uno, porque sólo en Él podemos encontrar respuestas y sentido a nuestra vida.

Fue entrañable compartir con otros jóvenes actividades como el voluntariado de Cáritas en una mañana de sábado dedicada a recorrer los supermercados de la ciudad.  Trabajando juntos se pueden conseguir grandes cosas, yen unas horas llenamos cajas y cajas de alimentos. Juntos fue posible. Todos quedamos sorprendidos ante la respuesta de los jóvenes que estaban muy involucrados en las actividades y tareas que se les habían encomendado. Las oraciones y los talleres estaban a cargo de diferentes grupos que participaban en el encuentro y fue estupendo contar con su implicación y compromiso en unas jornadas que necesitaban tanto esfuerzo por parte de todos.

Y qué decir del Musical ‘Ama2’, organizado por un grupo de jóvenes de la Diócesis Orihuela-Alicante, una oportunidad para descubrir que es posible vivir un noviazgo en Cristo, que no sólo fundamenta cualquier relación de amor sino que además está y debe permanecer en el centro de la misma. Y todo ello, fue posible gracias a un acercamiento a la figura del que fue Francesc Castelló, víctima de la represión religiosa durante la Guerra Civil española que nos enseñó el valor de la verdadera afectividad. Una afectividad tan mal entendida en estos días que es necesario aproximarnos a testimonios como este.

Después de los días tan intensos acabábamos rendidos,  pero sin embargo, estábamos alegres porque cada actividad era una nueva oportunidad para conocer a otros jóvenes, y sobre todo, porque cada acto era motivo de alabanza.  Me conmovió especialmente la Eucaristía del domingo presidida por D. José María Lorca Planes, Obispo de nuestra Diócesis. Sus palabras calaron en el corazón de muchos y entre ellos el mío. Es cierto, andamos a menudo arrastrados por la desidia o la corriente social, sin darnos cuenta de que el camino de todo joven católico es nadar a contracorriente, mantenernos firme en la fe. Ser luz en el mundo.

Para mí, saber que hay tantos jóvenes con las mismas inquietudes y que desean vivir los valores del Evangelio, ha supuesto un revulsivo que me anima a seguir adelante. Nuestra bandera no es otra que la cruz de Jesús, y nuestra alegría no está en otro lugar más que en Él. Alegría,  gozo, entusiasmo, tan presentes en estos tres días y ojalá que también todos los días de nuestra vida.

Ana Silvestre - Voluntaria en la JDJ 2016.

Parroquia San Fco. Javier - San Antón (Murcia).