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Crónica y fotos de la peregrinación joven a Caravaca de la Cruz.

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Un grupo de casi 40 jóvenes, con las mochilas a cuestas y el cansancio del camino, van llegando a la explanada del Castillo de Caravaca y se colocan en los escalones, al pie de la fachada de la Basílica-Santuario de la Vera Cruz, para una foto en grupo. Llevan una camiseta granate con la cruz de Caravaca donde se lee, por delante, Jesús es nuestro camino, y en la espalda, Peregrinación diocesana joven a Caravaca de la Cruz.

Es la peregrinación que, organizada por la Delegación Episcopal de Pastoral Juvenil, ha reunido a jóvenes de un total de 11 parroquias procedentes de Murcia, Molina de Segura, Alcantarilla, El Palmar, Ceutí, La Palma, Cehegín y Caravaca de la Cruz; así como de la Asociación Scouts Católicos, del grupo juvenil Hakuna, y también de las Hermanas de la Consolación de Caravaca y las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús. Todos ellos han formado un solo grupo para compartir la etapa del camino de Caravaca que va de Bullas a la Ciudad Santa pasando por Cehegín; 22 kilómetros para, en convivencia con otros jóvenes, salir al encuentro de Cristo y ganar el jubileo.

“Esta peregrinación la hemos preparado especialmente con la ayuda de un grupo de jóvenes de la Comisión de Actividades y Espiritualidad de la Delegación”, cuenta Antonio Jiménez Amor, delegado diocesano de Pastoral Juvenil. “Han sido los jóvenes quienes lo han preparado para los mismos jóvenes, y llevamos trabajando en el proyecto desde enero de este año”, cuenta el sacerdote, y explica que todo –solicitar los permisos oportunos a los Ayuntamientos, la seguridad…– se ha organizado desde la idea de que la peregrinación asegurara una buena convivencia y fuera un camino espiritual hacia la Cruz.

El camino, que en un principio iba a comprender todo un fin de semana, se organizó finalmente para un día, el sábado 28, con salida desde Murcia en autobús hasta Bullas, punto de inicio de la peregrinación y escenario de la oración de envío, que ha tenido lugar en la Plaza de España, frente a la iglesia.  Ahí se repartieron las Credenciales del Peregrino, que debían ser selladas en cada parada, y se puso en ellas el primer sello: el de la Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Bullas.

Desde la plaza, y después de una breve dinámica de presentación entre los miembros del grupo, los peregrinos partieron, siguiendo la ruta de la Vía Verde del Noroeste, hasta llegar a Begastri, donde además de volver a sellar la Credencial del Peregrino, el grupo realizó una visita guiada por las ruinas de esta ciudad tardorromana-visigoda que, muy ligada a nuestras raíces cristianas, fue sede episcopal hasta el siglo VIII y da nombre a la cruz de Begastri, la más antigua hallada en España.

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Desde Begastri el grupo reanudó la peregrinación hasta llegar a Cehegín, donde estaba previsto hacer parada para comer. Los peregrinos fueron acogidos primero en la Parroquia de San Antonio de Padua, para completar el tercer sello de la Credencial; y luego se dirigieron al Parque Nuevo, donde los peregrinos, una vez repartida de la comida pudieron disfrutar de un rato de descanso en convivencia sentados en el césped.

Llegada la hora, los peregrinos, que empezaron el camino con las sudaderas puestas, se quedaron en manga corta y con las gorras y gafas de sol para reanudar el camino en su último tramo: los 7 kilómetros restantes que les llevarían a Caravaca, y a la Misa del Peregrino y veneración de la Vera Cruz que allí les esperaba.

En el camino había peregrinos que procedían de muy distintos lugares, y los había incluso que ya habían peregrinado a Caravaca este mismo año, como Miguel, monitor de un grupo de la parroquia Santa Rosa de Lima, de el Palmar. “Somos un grupo que hemos empezado este año. Somos cuatro personas, y dos que no han podido venir; y bien, con muchas ganas”. Tanto que, aunque ya habían ido a Caravaca y algunos de ellos a Santiago, no dudaron en apuntarse: “Vimos que estaba ofertado, nos parecía buena idea, buena fecha también; y como estamos empezando el grupo nos hace falta también juntarnos con más jóvenes de la Diócesis”, y cuenta que en el grupo se ilusionaron mucho, y que iban a ir incluso de viernes a domingo.

Con él vienen Paula y Elena, de 15 y 13 años, que repiten camino. “Merece mucho la pena”, dice Paula “A mí me gusta mucho, porque así puedes hablar con gente, estás un día sin conexión al móvil o al ordenador”, y aclara: “tengo aquí el móvil para hacer fotos y hacer vídeos; pero es bueno porque así conoces más gente de la Diócesis, de otros lugares, y así te relacionas más”. Elena, por su parte, cuenta que la primera vez le costó más completar el camino, pero que en esta ocasión ha venido preparada, y dice convencida que es una experiencia que llena y que permite el encuentro con otros jóvenes.

También Jacinta, que es de Kenia, es peregrina por segunda vez. Es novicia de las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús en Alcantarilla, y aunque ya hizo la Esperanzada, que llega a Caravaca desde Calasparra, ha salido al camino con otras tres hermanas. “Desde la parroquia nos enteramos, y también desde la Delegación Juvenil, de que había que acompañar a los jóvenes a la peregrinación, y nos apuntamos porque nos gusta estar con los jóvenes, y también para ganar el Jubileo”, cuenta Jacinta, mientras camina con la mochila puesta y una sonrisa.

Para otros, sin embargo, ésta ha sido su primera peregrinación a Caravaca. Es el caso de Álvaro, de 20 años, del grupo Scout Delaware. Son tres los jóvenes que pertenecen a este grupo, y aunque ya conocían la ruta, no la habían recorrido como peregrinos: “Hemos pasado por esta zona en alguna acampada y tal, más o menos ya nos suena la Vía Verde y todo esto, pero el camino en particular no lo habíamos hecho nunca”, cuenta Álvaro; y como el camino transcurre en llano, no ve que el recorrido requiera un gran esfuerzo.

También Octavio, de 23 años, es peregrino por primera vez en el camino a Caravaca. Se apuntó por unos amigos que le hablaron de la peregrinación, y lo hizo por conocer a otros jóvenes, ganar el jubileo, y a la vez disfrutar de la naturaleza; aunque al final se ha encontrado con mucho más. Después de la Santa Misa del Peregrino, celebrada en el interior del Santuario de la Vera Cruz, y del momento donde los peregrinos besan la Santa Reliquia de la Vera Cruz, cuenta Octavio que le ha impresionado mucho ver el Santuario tan lleno de grupos que venían de distintos lugares de España, y cuenta que le ha llamado la atención, en la veneración a la Santa Reliquia, ver cómo una chica, que aunque todavía no se notaba estaba embarazada, ha señalado su vientre al llegar su turno, y cuando han puesto sobre él la Cruz, la futura madre se ha emocionado muchísimo. “Me ha gustado mucho, me ha parecido súper bonito. Y luego la experiencia de ir con gente cristiana, que tiene las mismas inquietudes… La verdad es que me voy con más fuerzas para seguir”, cuenta Octavio, que pertenece al grupo Hakuna de Murcia.

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El momento de veneración a la Santa Reliquia ha contado con las voces del Secretariado Diocesano de Música, formado por algunos de los jóvenes de la peregrinación. Isidro, que puso el sonido de su guitarra también en el tramo de Cehegín a Caravaca, es guitarrista en el coro, y cuenta que han estado preparando las canciones durante varios días, y que finalmente han quedado reservadas al momento dedicado a la Cruz. “Ha sido la verdad una experiencia muy chula para terminar con tranquilidad después de un día tan agitado, y tan intenso”, dice Isidro, saliendo del Santuario con la guitarra al hombro.

“Un Jubileo es un regalo, es una oportunidad que a través de la Iglesia el mismo Dios abre a cada uno de nosotros para regalarnos una vida nueva”, explica a esta Comisión de Medios José León León, Vicario Episcopal de Evangelización y de Pastoral Juvenil, que ha presidido la Santa Misa del Peregrino. “Se nos piden unas actitudes: peregrinar, estar dispuestos a cambiar de vida y confesarnos, comulgar, y rezar por el Papa y por toda la Iglesia ¿Para qué? Para obtener el perdón; pero la gracia jubilar es una gracia más profunda que la confesión, porque lo que hace con esas heridas que va dejando en nosotros el pecado y que nos condicionan, es curarlas, transformarlas para que podamos vivir de una manera nueva, con una capacidad de amar mayor, y con una dignidad de Hijo de Dios”, explica el Vicario, y añade que recibir esta indulgencia plenaria requiere, por un lado, la gracia por la que nos es concedida, y por otro, la actitud de la persona que peregrina y que está dispuesta a aceptar las condiciones para, con la ayuda de Dios, cumplirlas y recibir ese perdón que sana desde lo profundo.

Al salir del Santuario a las ocho de la tarde, ya de noche, los peregrinos recibieron sus credenciales, completados con los últimos sellos, los de la Estación Jubilar y la Basílica-Santuario; y también el Caravaquensis, el Certificado del Peregrino. Con él emprendieron el regreso a casa en autobús, después de un camino que ha traído el regalo de un jubileo compartido con otros jóvenes.

 

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