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Misión en Douala, día 6 - "Pasados por agua"

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Al fin llegó el primer diluvio del que tanto habían sido avisados los jóvenes. Una lluvia intensa, fuerte, que por momentos se dejaba caer sobre Douala y de golpe paraba, descentrando a los españoles, puesto que estos tramos de fuertes lluvias inesperadas los dejaban sorprendidos, sin haber visto nada igual en sus localidades de procedencia.

La mañana del jueves 13 de julio fue distinta a lo habitual, no se inició el día como venía siendo una constante días atrás, yendo todos a la dibamba; esta vez una gran parte del grupo misionero se dirigió a una aldea habitada por la gente más humilde y pobre de la zona, mientras que solo dos jóvenes se quedaron en la dibamba, asistiendo como auxiliares en algunas pequeñas intervenciones quirurgicas.

De este modo, los jóvenes que se fueron a esta pequeña población pudieron comprobar cómo transcurren los días entre los habitantes. Los hombres se pasan el día en la pesca, puesto que es la principal actividad del lugar y el único modo de poder generar beneficios económicos. Las mujeres, en cambio, siguen en las labores de cocinar, tareas de la casa, compras en el mercado o cuidar de los niños.

Así pues, nuestros jóvenes llegaron allí como la propia lluvia, de sorpresa e inundando la cara de los más pequeños de alegría y felicidad. Compartieron un tiempo con las familias. A los niños les llevaron bocadillos con chocolate y con los adultos hicieron algún taller ya practicado días atrás o simplemente los escucharon y ayudaron en sus labores. Tras unas horas de convivencia volvieron a la casa de acogida para seguir con el resto del día.

En la tarde del jueves siguieron con los talleres, aunque esta vez fueron en otra zona de Doaula, en la parroquia donde se encuentran vinculadas las misioneras javerianas. Allí llevaron a cabo cada taller preparado: el de pulseras, taburetes con neumáticos o decoración de chanclas. Pasado este tiempo de manualidades y también de juegos con los niños, los jóvenes fueron invitados a cenar en el hogar de las misioneras carmelitas.

A la vuelta a casa, más temprano de lo que venía siendo normal, los sacerdotes del grupo misionero prepararon una adoración Eucarística para que todos pudieran tener un espacio de oración y silencio ante el Señor Sacramentado.

Y así, de esta manera tan íntima de oración y diálogo con Jesús, el día llegó a su fin, volviendo a las habitaciones de descanso.

 

Vídeo con las imágenes del día: