"Si tengo que resumir esta JMJ, la mejor palabra es Misericordia".

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Me llamo José Antonio Caballero García, tengo 19 años y he terminado el 2º curso de Seminario Mayor.  Hace ya tiempo que esperaba con muchas ganas esta JMJ de Cracovia, quería volver a experimentar lo que ya pude vivir en Madrid en 2011. Para mí ha sido un tiempo de gracia, un tiempo de Misericordia. El día 18, a las 21:30h estaba en el Seminario para la Eucaristía, después de quince días agotadores por el trabajo y las actividades que habíamos tenido, pero con muchísimas ganas y con la ilusión de comenzar una peregrinación que esperaba que marcase mi vida.

Los primeros días fueron algo extraños, no me sentía nada bien, no me conseguía centrar… parecía desastroso, me empezaba a desanimar y creía que la peregrinación no iba a tener fruto. Sin embargo el Señor sabía bien lo que quería y cuándo lo quería hacer. En ese momento de vacío, cuando los pecados me ahogaban, en medio de la tristeza, incluso de una falsa felicidad, cuando iba a tirar la toalla… apareció Él. Después de un día cargado de actividades fuimos a la iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción, en el centro de Koscian, para hacer un rato de adoración y celebrar la Eucaristía. Yo iba con el espíritu tibio, no tenía intención ninguna de encontrarme con Jesús, pero Él sí que quiso encontrarse conmigo. Mientras estaba Jesús Sacramentado expuesto en el altar un coro de jóvenes cantaba la coronilla de la Divina Misericordia en polaco. Yo no quería rezar, no quería mirar, parece que todo aquello me superaba. Cada vez me sentía más vacío, y mirar a Jesús me dejaba hecho polvo… Terminé cantando entrecortado la coronilla... Después, en la Eucaristía, todo me hablaba de Misericordia, pero yo no quería verlo, y, aun así, Él seguía luchando, me seguía llamando, quería mostrarme su amor.

Al día siguiente dejamos Koscian y nos trasladamos a Poznan. Yo seguía con el alma inquieta, no terminaba de dejar a Jesús entrar en mi… me resistía. El segundo día en Poznan pasamos toda la tarde en el parque de la Ciudadela, un lugar gigantesco y verdaderamente bonito. Allí tuvimos tiempo para rezar, para divertirnos, para descansar… Y, como la noche anterior, a las 15h otra vez se cantó la coronilla, y otra vez me derrumbé. Pasé toda la tarde dando vueltas, intentando esquivar a cualquier sacerdote o cualquier ocasión para convertirme. No me encontraba bien y decidí ir a pasear solo, y, no sé por qué me puse a rezar el Rosario. Al terminar, finalmente, me acerqué a un sacerdote y le pedí confesar. En ese momento una paz tremenda me inundó, era como si me hubiesen quitado una losa enorme de encima… Me sentía feliz, perdonado. Fue un encuentro de Misericordia, de Amor eterno con Aquel que me ama por encima de mi pecado, de mi miseria.

Creo que nunca he disfrutado tanto una Eucaristía como aquella tarde, y las palabras del obispo que nos presidió en la Eucaristía calaron en mi corazón. Nos habló de un Dios que era Padre, que nos buscaba, nos dijo que éramos sus hijos. Parece que es algo muy elemental, pues es lo que rezamos siempre en el Padrenuestro, pero en aquel momento descubrí la profundidad de todo eso, comprendí que Dios me amaba incluso con mi pecado y que su perdón y su misericordia eran más grandes que cualquier cosa que yo hiciese.

A partir de ese momento todo hablaba de Misericordia, todo me recordaba el amor de Dios por mí, todo me decía que soy su hijo. Creo que este ha sido el momento más importante de mi peregrinación, pues me ha ayudado a ver y comprender el resto, a verlo todo desde los ojos de la Misericordia. Especialmente recuerdo la catequesis de Monseñor Ricardo Blázquez en Bochnia, pues sus palabras llenas de misericordia reavivaron mi corazón y también ese día me acerqué a la confesión, surgiendo grandes frutos espirituales de este sacramento.

Termino dando gracias, mil gracias a Dios por esta oportunidad, porque me sigue amando y no se olvida de mí. Doy gracias también a María, Nuestra Señora de Jasna Góra, la Virgen de Czestochowa, Madre de Polonia y Madre de Misericordia, pues ha sido ella la que me ha ido guiando silenciosamente en este peregrinar hasta Jesús.

“Dios perdona siempre, todo y a todos” (Monseñor Ricardo Blázquez).

José Antonio Caballero García.

Seminarista mayor en Seminario diocesano de San Fulgencio (Murcia).