¿Cuál es el idioma de Dios?

Recuerdo aquellos años de colegio, en los que íbamos conociendo poco a poco la realidad del mundo a través de nuestros profesores y nuestros compañeros. Nos enseñaban en matemáticas que dos más dos eran cuatro. En lengua nos recordaban que delante de la “b” y la “p” siempre se escribe “m” como ocurre por ejemplo en la palabra “siempre” o “ambiente”. En geografía aprendíamos que los ríos van a parar al mar. Y en inglés, para ir al baño, debíamos recitar, con una pronunciación británica exquisita: Can I go to the toilet, please?

Es decir, aprendimos certezas, verdades y lógica para comprender el mundo. Nuestro error es creer que Dios funciona de la misma forma, desde nuestras certezas, verdades y nuestra lógica sensata y perfecta. Pero Dios no es así. En las cuentas de Dios, dos y dos no son cuatro, sino que dos y dos son las semillas que planta el sembrador cuyo fruto solo ÉL conoce. Delante de la “b” y la “p” no siempre va la “m”, porque su idioma no es el nuestro, sino el idioma de la entrega y del perdón. En el mundo de Dios, los ríos no van a parar al mar, sino que fluctúan hasta llegar a un corazón vacío, perdido o pecador, llenándolo de agua y vida nueva. Por último, para comunicarnos con él no es preciso conocer todas las lenguas del mundo sino hablar el idioma de la fe, la oración, la caridad y el amor.

Y en la última Luz en la Noche, Dios se empeñó en mostrarse tal y como es. Se empeñó en hablar su idioma, en sacar sus cuentas, en mostrar su mapa del mundo y en comunicarse a su manera. Lo más importante es que abrió y dispuso nuestro corazón para que lo pudiéramos comprender.

No fue una noche de gran afluencia, tampoco se veían caras de satisfacción, parecía que gran parte del esfuerzo realizado había caído en saco roto. Ese silencio acompañado por los cantos, era el grito de Dios a nuestro corazón mostrándose tal y como EL es.

La última Luz en la Noche fue una vuelta de tuerca para todos nosotros, cristianos evangelizados y evangelizadores. Fue un recuerdo a colocar a Jesucristo en el medio, sentirnos pequeños y pobres instrumentos en sus manos. Fue un cambio de pensamiento, desde la cabeza al corazón. Nosotros no somos los protagonistas, sino Jesucristo, Dios y Salvador. La última Luz en la Noche fue el gusto por lo humilde, por el detalle y por lo interior. Fue descubrir que Dios se hace presente en los corazones pequeños y dispuestos.

¡Gracias Señor por esta revelación! Hoy comprendo y rezo con el Evangelio de Lucas “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el espíritu y dijo: Porque Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te agradó.” (Lc 10, 21)

Por último, quiero también decir que fue una noche de esperanza. Esperanza en todos nosotros y esperanza en ti, que estás leyendo este humilde testimonio.

Esperanza en que nuestra oración despierte en ti la sed y necesidad de evangelización y que nos puedas acompañar en la próxima “Luz en la Noche” para continuar la misión que Jesús nos encomendó sin miedo y sin temor: “id, y haced discípulos a todas las naciones.”(Mt 20, 19) porque “Yo os aseguro que estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 20)

Eso sí, no hagas muchos pronósticos y no vaticines resultados en base a de esas certezas, verdades y lógica sensata y perfecta que te funciona para comprender el mundo. Te advierto que tus planes no son los planes de Dios. Por tanto, ven con un corazón dispuesto, que del resto ya se encargará el Espíritu.

Como decía mi abuela: Dios escribe recto pero con renglones torcidos. ¡Qué razón tenía!

Un abrazo grande en Cristo.

Javier Pérez.

Joven de la parroquia San Francisco Javier, de San Javier (Murcia).