“El camino es la meta”

Cuando decidí apuntarme a este viaje, buscaba única y exclusivamente hacer el camino de Santiago. El que fuese con otros jóvenes católicos era un plus, es cierto, pero no era eso lo primordial en mis expectativas del viaje. Ahora, a tan sólo un día de la vuelta doy gracias por ese detalle que inicialmente no valoré lo suficiente. El compartir con gente de otras culturas lo mismo, hace que tu mente se abra, que tu comprensión de la realidad sea más rica, y que el amor hacia Dios sea más amplio. Y no sólo con gente de otros países, ya que el papel que han tenido las personas de aquí ha sido para mí primordial en este encuentro, y agradezco de todo corazón su buena disposición, su alegría y sus ganas de compartir y de vivir la fe.

El hecho de hacer el camino es ya, de por sí, una de las más grandes lecciones que te puede dar la vida. Es un encuentro personal contigo mismo, con otras personas (tanto conocidas como desconocidas) y con Dios. Cada día era una enseñanza, una nueva experiencia en la que VIVIR era lo importante, en la que recorrer el camino era el único propósito. Cuando comprendo esto es cuando le puedo dar sentido al lema del camino: El camino es la meta (The way is the goal), ya que el propósito de hacer el camino es vivirlo y sacarle el máximo provecho, y si eres capaz de hacerlo, tu meta está conseguida. Obviamente, llegar a Santiago de Compostela es un subidón, y una experiencia eufórica y muy intensa que no cambio por nada, pero en mi opinión, no es el propósito de realizar el camino, sino un regalo que Él te ofrece para que sepas que no estás solo y que te ha estado (y te seguirá acompañando) en todo el camino de tu vida.

En mi experiencia, últimamente andaba preocupada por el pasado, y por el futuro... Cuando lo único que tenemos y que es nuestro es lo que vivimos ahora mismo. Es un tópico, y a todo el mundo le suenan expresiones de ese tipo, pero en el camino se ha hecho realidad en mi vida. Es por eso que se venía constantemente a mi mente la frase del Evangelio: Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal (Mateo 6, 34).

Me gustaría acabar este relato de mi testimonio animando a todas las personas que tienen inquietud en su vida por conocer algo más, por descubrir nuevas experiencias de fe, por querer sentir el amor de Dios. Cuando más se aprende y se crece es cuando compartes tu vida con otras personas. Y cuánto más si el centro de ese compartir es Jesucristo.

Inma Martínez

Joven de la parroquia de San Francisco Javier, de Murcia.