“Gracias a la vida que me ha dado tanto”

Busco cómo poner en palabras todo lo que viví en esta convivencia, muchos adjetivos rondan mi cabeza pero no me decanto por ninguno, no pueden abordarlo todo.

Supongo que cada uno de los que estábamos allí podríamos destacar unas cosas u otras, pero si tengo que decir como lo viví yo, me decido por afirmar que fue un día de enriquecimiento.  Mi día comenzó cuando llegué, junto con algunos compañeros de mi parroquia, a la capilla donde estaban presentándose distintas coordinadoras de Pastoral Juvenil, equipos y comisiones de trabajo del CDPJ. Sí, llegamos un pelín tarde.

Ya desde el principio el día pintaba bastante bien. Me gustó mucho conocer más en profundidad el papel que desempeñan estos equipos dentro de la Pastoral Juvenil, pero, sobre todo, me impresionó ver la ilusión con la que nos contaban a los demás cuál era su función, trasmitían motivación y energía, una energía tremendamente contagiosa que poco a poco nos iba inundando a todos.

El momento de una reflexión más profunda y personal llegó justo después, con el trabajo por equipos. ¿Qué puedo decir? Fue el momento en el que nos dimos cuenta de que formamos parte de un gran grupo que navega hacia una orilla común, donde sentimos que nuestras ideas se valoran y son escuchadas. Podemos aprender tanto de todas las personas que nos rodean…

A la hora de comer, no solo compartimos la comida, que estaba todo buenísimo, sino que compartimos risas, no todo es trabajar. También lo pasamos muy bien con el juego que prepararon, fue un rato de verdadera convivencia.

Nunca se deja de aprender, y los encargados de recordárnoslo fue la Comisión de Medios. A través de su charla nos abrieron nuevos horizontes a la hora de dar catequesis o de compartir nuestros pensamientos en la redes sociales, ¡si no puedes con ellas únete a ellas!

Y no solo aprendimos, sino que pudimos ver una muestra de hasta dónde se puede llegar a través de estos medios. Siempre se nos advierte de los peligro de internet, pero muy pocas veces se nos enseñan los aspectos positivos. Fue realmente emocionante ver hasta dónde ha podido llegar iMisión.

Para colofón final, no se me ocurre nada mejor que el que tuvimos, una oración teresiana acompañada por el Secretariado de música que nos recordaron aquello de que "El Señor no mira tanto la grandeza de las obras, sino el amor con que se hacen" lo que puede definir a la perfección nuestro día de convivencia.

Creo que ya tengo un poco más claro cómo me siento, agradecida. Doy gracias a todos los que prepararon esta convivencia, a los que participaron, a las carmelitas por dejarnos sus instalaciones, al Coro Diocesano, pero, sobre todo, doy gracias a Dios por poner a toda esta gente maravillosa en mi camino, dejándome participar de sus acciones y permitiéndome crecer como persona.

Y es recordando todo esto, cuando me reafirmo en que nada habría sido posible si Dios no hubiera estado en el centro de este encuentro, acompañándonos y dirigiendo nuestras acciones. Ya solo me queda hacerme eco de Violeta Parra para decir  “Gracias a la vida que me he dado tanto”.

María Lozano. Joven de la parroquia de La Asunción (Molina de Segura).