"Hay momentos que las palabras no alcanzan"

¿Qué decir de aquel maravilloso día? No puedo lograr explicarlo, fue tanto el gozo y el chupitazo de fe, que me volcó el corazón, tanto que aún no tengo modo alguno de darlo a conocer. Aunque lo voy a intentar con este pequeño y sencillo testimonio. 

Aquel sábado, queridos amigos, se compartió música, comidas, se sintió alegría en estado puro, se echaron unos bailes y qué decir de las risas con Juanrita y la visita por Aledo... Sin embargo, no solo cantamos a Dios y su eterna misericordia sin más. Nosotros bailamos al son del amor de Dios. Hemos sentido la misericordia del Señor, que nos da la certeza para poder encontrar el camino hacia el Padre. 

En este pequeño pueblo se vivió algo muy grande, tan grande que hasta a las ancianas del lugar las escuché exclamar: "¡Nenas! ¡Qué gusto ver esta gente joven con tanta ilusión y fuerza! Da gusto ver gente sana". Yo quisiera decirles: Señoras, el gusto es nuestro, es el placer de expresar la misericordia de Dios, la seguridad de sentirse hijo Suyo. Un hijo que siempre vuelve a su lado con celebración. Un padre que no solo nos indica el camino, sino que nos toma de la mano e incluso nos toma en sus brazos para que logremos llegar a la verdadera felicidad, para que también proclamemos ese Amor Incondicional tan único. 

Allí nadie fue a concursar, fuimos a compartir todo lo que llevábamos dentro por medio de la música y nuestra voz. Allí no se buscaba sobresalir, sino alabar a Dios con nuestros cánticos. Fuimos a darlo todo a nuestros hermanos y a dar gracias al Señor sin esperar nada a cambio. Aunque de repente, El como siempre nos sorprendió, ya que Dios nos envolvió con su misericordia, Dios nos dejó una huella en el alma, Dios nos toco nuestro corazón en ALEDO.

Marina Sánchez Gómez

Joven de la parroquia Santa María Magdalena, de Cehegín (Murcia).