Experiencias del Encuentro Europeo de Jóvenes
Varios jóvenes nos cuentan su testimonio tras el Encuentro Europeo de Jóvenes Cristianos.
María José
Cuando me apunté al campamento hace dos años, no sabía muy bien qué me iba a encontrar... pero fue una experiencia tan enriquecedora que quise repetir y por eso he venido también este año.
Para mí, lo mejor de este encuentro es que te ofrece la posibilidad de compartir tu fe con otros jóvenes. En nuestra sociedad parece que el ser cristiano no encaja con ser joven y, por eso, a veces nos sentimos solos.
Personalmente, el ver a gene de mi edad viviendo su fe profundamente y el darme cuenta de que verdaderamente eso les hace felices, me anima a ser mejor cristiana y a vivir yo también con esa ilusión.
Comentábamos entre nosotros, que de todo lo que hemos hecho, una de las cosas que más apreciamos son los momentos de silencio y oración personal, ya que durante el curso no nos paramos a reflexionar porque siempre estamos haciendo otras cosas, y la verdad, es que necesitamos esos momentos para encontrarnos con nosotros mismos.
Gracias a estos encuentros puedo conocer un poco más a Dios y a mí misma, y siento que me lleno del Espíritu Santo que me da fuerzas en mi caminar cristiano.
Raquel

La primera vez que fui a este encuentro tenía quince años, ahora tengo casi diecinueve... son ya cuatro años viviendo esta maravillosa experiencia. Ahora que estamos en Lituania, me paro a reflexionar sobre todos estos años y me doy cuenta de lo mucho que he crecido como persona y todo lo que he madurado en la fe. Parte de lo que soy ahora como persona y como cristiana se lo debo a estos encuentros: encuentros con personas de otros paises, otras culturas; encuentros con uno mismo; encuentros con los demás; encuentros con Dios...
En estos tiempos en los que nos encontramos no es fácil ser joven y cristiano, y mucho menos reconocerlo abiertamente y tener el propósito de dar a conocer a Dios a los demás; por eso es tan gratificante ver que al igual que tu hay otros jóvenes que viven en la fe; entonces, ahí, es cuando desaparecen todas esas diferencias de idiomas, comidas y tradiciones...todos somos iguales, nos une un mismo sentimiento, nos une el amor de Dios.
Durante el tiempo que llevamos aquí, en Lituania, hemos vivido diferentes emociones y experiencias, cada uno las suyas, por supuesto, no todo el mundo vive ni ve las cosas de la misma manera. Por mi parte, si he de quedarme con alguna actividad de las que hemos hecho, escojo el momento que tuvimos de oración con nosotros mismos y con Dios al aire libre durante la catequesis española. Ese día me sentí más unida que nunca a la naturaleza, me sentí parte de ella y comprendí lo bello que era todo lo que Dios había creado para nosotros.
En conclusión, son muchas las emociones que hemos experimentado a lo largo de estos encuentros: hemos sentido de sentir; hemos reído de reír; hemos conocido de conocer; hemos querido de querer y de querernos; hemos amado de amar... Qué pena que el tiempo pase tan rápido, pues como siempre pasa, los días vuelan cuando los momentos se vuelven maravillosos.
Fuensanta
Este es el primer encuentro europeo de jóvenes al que asisto. Ahora que está llegando a su fin, puedo contar un poco mi experiencia y destacar dos momentos o actividades que más me han interpelado. La noche de meditación, en la que renovamos nuestro bautismo fue para mí muy emotiva y profunda, pude sentir la presencia de Dios gracias al silencio de la oración. Y lo segundo que quiero destacar es cada una de las catequesis que han tenido lugar a lo largo de estos días, en cada una de ellas he tenido la oportunidad de conocerme a mí misma, conocer al prójimo y descubrir como es mi relación con las cosas, las demás personas, en definitiva, saber como es mi relación con el mundo para poder ayudar a recrear un mundo mejor.
En general, la experiencia ha sido muy bonita y enriquecedora, desde el compartir con jóvenes como yo, de otros países, otras culturas, conocer más a Dios, concienciarme de que el mundo necesita manos como as mías y que hay mucho que hacer por el Reino de Dios.
También he tenido una gran responsabilidad dentro de este encuentro, pues he sido monitora, junto con Sebas y José Antonio Cano, de los 19 jóvenes españoles, los cuales han venido a Lituania a tener una experiencia de Cristo en su vida compartiéndola con otros jóvenes, rejuveneciendo así, la fe en Europa. Espero haberles servido de ayuda tanto para su encuentro personal con Cristo como en las necesidades que han surgido.
Sebastián
A menudo suelo hacer una pausa en la rutina diaria y observar el espacio y el tiempo en el que me encuentro para saber porque hago lo que hago… (…hoy es miércoles, 22 de Julio, y hace aproximadamente 2.000 años que un tal Jesús de Nazaret caminó por el mundo y dejó una huella tan profunda en los corazones de quienes le conocieron que aun a día de hoy nos seguimos sentando dos o más personas alrededor de una mesa para recordar un estilo de vida basado en algo tan sencillo como el amor a todo lo que nos rodea…) …y por ese tal Jesús me encuentro hoy aquí, lejos de mi hogar en una pequeña ciudad al sur de Lituania ejerciendo de monitor de un grupo de jóvenes que tienen curiosidad por conocer y seguir un poco más ese estilo de vida. Han sido 15 días de expectación continua, a pesar de las reuniones de preparación en Murcia; atento a las oraciones, las catequesis y las charlas en 5 idiomas distintos.
Han sido 15 días intensos con excursiones por el monte, talleres, manualidades, y bailes típicos. Han sido 15 días profundos, con experiencias vividas y compartidas a nivel individual y en grupo.
Pero sobre todo, hemos conseguido lo que pretendíamos: pasar unos días en comunidad y convivencia fraternal rodeados del espiritu de Dios, en un lugar cercano a la naturaleza y con el tema del encuentro “Yo hago un mundo precioso, ¿y tu?”.
Y como en la mayoría de los encuentros de este tipo donde acudo, me marcho con la maleta mas llena y con menos peso del que traía, ya que aquí dejo algunos objetos sin valor y me llevo docenas de sonrisas, miradas, palabras, personas, expresiones y gestos que siempre mantendré en la memoria y que me han enseñado a ser un poco mas maduro y cristiano, pero sobre todo a amar más al prójimo y a Dios.


