
Quizá, tiempo atrás, la manera de describir la aventura de estos 8 años que han pasado tras cumplir los 20 hubiese sido otra. Pero hoy, con total determinación, claridad y franqueza, doy por sentado un dicho tan conocido: y es que “tres cosas hay en la vida”, a saber, FE, ESPERANZA, Y CARIDAD. Mi experiencia como joven de veinte años era la de cualquier manojo de nervios capaz de dar la vida por todas aquellas cosas que le ilusionasen. El joven de 28 es algo similar, aunque habiendo vivido un giro de 180°: sigo siendo un manojo de nervios, capaz de entregar la vida por los hermanos, por la familia, por los amigos, por los proyectos, que Dios ha sembrado cerca de mi camino desde que me fue diagnosticada una enfermedad medular de la que hoy hablo como una experiencia inigualable y como un “redescubrimiento” del mundo y de Dios y de mí mismo.