
Cuando me apunté para ser familia de acogida pensé que simplemente le iba a dar alojamiento, ducha y comida a un chico de otro país que venía a ver al Papa y que iba a pasar unos días en nuestra Parroquia para ver cómo trabajábamos aquí. Lo que no imaginaba es que iba a ser una experiencia única e inolvidable.
Cuando se acercaba la fecha, Antonio, sacerdote de nuestra parroquia, comunicó el país del que venían y a mí me dijo que mi familia acogía al cura franciscano que venía con ellos, que era el coordinador de todo el grupo. Al principio me hizo gracia, pero después pensándolo me dio un poco de miedo, no era lo mismo tener a un crío de 18 ó 20 años que a un cura. Cuando se lo dije a mi marido no le hizo nada de gracia por eso de que era cura, pero bueno… en seguida aceptó aunque con reservas. Él no estaba nada convencido de que viniera a casa gente a la que no conocíamos de nada, venían de otro país, eran cristianos…